TERAPIA CRÁNEO-SACRAL


La terapia cráneo-sacral en una técnica muy suave que se realiza con las manos para ayudar a restablecer la salud y el equilibrio del cuerpo.

 

El terapeuta observa si hay restricción en las suturas craneales y en el resto de las estructuras que conforman el sistema cráneo-sacral. Por mediación de sus manos, hace una escucha y ayuda a la fuerza sanadora del paciente, elimina el bloqueo y mejora el movimiento.

 

La intención del terapeuta no será nunca la de «reparar» algo, sino la de estimular nuevos niveles de orden y equilibrio en la mente y el cuerpo. El cuerpo humano tiene la habilidad de recuperar el equilibrio por sí mismo: esto se llama homeostasis. Por lo que el terapeuta entiende que los síntomas y disfunciones son avisos del cuerpo para observar más allá.

 

La Terapia Cráneo-sacral es realmente el arte de la escucha del lenguaje del cuerpo humano, sintiendo, entendiendo y respetando este lenguaje y respondiendo de manera apropiada como apoyo en el estímulo de autorregulación y equilibrio del paciente y su inteligencia innata para autosanarse.

 

La Terapia Cráneo-sacral puede ayudar en el tratamiento de muchas enfermedades, ya que insiste en conseguir el restablecimiento de la salud, eliminando los impedimentos que obstaculizan el bienestar. Los efectos de esta técnica son normalmente muy profundos y duraderos.

 

Esta terapia está basada en el tratamiento del sistema cráneo-sacral que es un sistema que se ha descubierto recientemente. Es un sistema hidráulico semicerrado contenido dentro de una membrana dura e impermeable (la duramadre, que es una cobertura de protección), la cual envuelve el encéfalo y la médula espinal. Su función más importante es la producción, circulación y reabsorción del líquido cefalorraquídeo. Este líquido se genera dentro del sistema cráneo-sacral que gracias a él, el cerebro y el sistema nervioso funcionan, viven y se desarrollan.

 

Cuando el cuerpo está sano y no existe ninguna disfunción, la producción y reabsorción del Líquido Cefalorraquídeo (LCR) dentro de la duramadre genera una subida y bajada continua de presión dentro del sistema cráneo-sacral, esta fluctuación del líquido se llama MRP (movimiento respiratorio primario), se denomina primario porque es anterior al movimiento respiratorio pulmonar, ya que éste solo empieza en el momento del nacimiento.

 

Este ritmo consiste en unas pulsaciones de seis a doce por minuto, causadas por la rítmica producción y reabsorción del líquido cefalorraquídeo. Este movimiento de contracción y expansión se refleja en todo el cuerpo, incluido los huesos craneales que hasta hace poco el conocimiento anatómico decía que los huesos sólo se movían en los bebés recién nacidos y que estaban unidos en los adultos.

 

Este líquido, claro e incoloro, se produce en el cuarto ventrículo del cerebro por filtraciones y secreciones de las redes capilares llamadas plexos coroideos, y circula por la membrana dural que rodea interiormente los huesos de la cabeza. Bajan por el interior de la médula espinal hasta el sacro, volviendo de nuevo por la médula espinal hasta el cerebro, siendo gradualmente reabsorbido por las venas. Esta producción rítmica y la reabsorción del fluido generan una expansión general del cuerpo cuando el sistema se llena de él (flexión), y una contracción general cuando el sistema se vacía (extensión). Es la razón por la que los huesos de la cabeza tienen un micromovimiento a través de las suturas óseas, permitiendo el ritmo de expansión-contracción. Este pulso se transmite por las terminaciones nerviosas a todo el tejido conjuntivo, que envuelve los órganos y músculos.

 

El cuerpo controla el volumen del LCR que produce; si por algún motivo el cuerpo no lo controlase, un aumento de volumen generaría un aumento de presión que contribuiría a la disfunción y a la mala salud, especialmente del sistema nervioso central, el cual se encuentra dentro de los límites del sistema cráneo-sacral.

 

El ritmo del sistema cráneo-sacral se puede sentir tan claramente como los ritmos cardio-vascular y respiratorio pero, a diferencia de los otros ritmos, el ritmo cráneo-sacral (RCS) se puede evaluar y corregir a través de la palpación.

 

La palpación, la escucha y el respeto por el cuerpo es la base de esta técnica, cuando se hace una palpación intrusiva o invasiva o una presión fuerte, se genera una respuesta igual de fuerte en la zona del cuerpo que se está tratando, los músculos se contraen, los mecanismos del dolor se activan y el cuerpo se defiende y crea resistencia a la mano que lo está tocando. Cuando la palpación no es intrusiva el cuerpo no genera resistencia, no se defiende y la mano del terapeuta puede fundirse con el paciente y extraer de él toda la información que necesite; con una presión mínima de unos 5 gr es suficiente para escuchar y sentir la disfunción si existiera.

 

¿Por qué el movimiento que genera la creación del líquido cefalorraquídeo dentro del sistema cráneo-sacral se puede sentir en todo el cuerpo? Porque el cuerpo tiene un sistema fascial que une todos los elementos del cuerpo entre sí. Las fascias son unos tejidos duros que envuelven sin excepción cada estructura del cuerpo, de la más grande a la más pequeña. Este sistema se encarga de que ningún órgano o estructura se caiga por la fuerza de la gravedad, lo mantiene todo sujeto y unido, evita que el hígado se caiga, que los pulmones y el corazón exploten por un exceso de movimiento y que el intestino no se desprenda al fondo de la pelvis, por poner algún ejemplo. Todo el sistema fascial es como una red unida entre sí, esto nos da una idea de cómo funciona. Al recibir un movimiento en una parte del cuerpo repercute en el resto, pues gracias a la red de las fascias podemos sentirlo en todo el cuerpo y así poderlo tratar.

 

¿Cómo sabemos que la terapia está funcionando? Cuando el terapeuta siente una sensación de reblandecimiento y relajación en los tejidos que está tratando, se ralentizan los reflejos nerviosos, se siente una sensación elástica y un alargamiento en las fibras de los tejidos, así como un aumento en el paso de líquidos y del flujo de energía por los tejidos que se están trabajando, también se nota un aumento de calor en la zona y cuando el tejido ha terminado su recolocación se percibe una sensación de rebote hacia la mano del terapeuta.

 

¿Para que nos puede servir la Terapia Cráneo-Sacral? Para cualquier disfunción intelectual, motora o sensorial que suframos, como por ejemplo:

  • Trastornos en la menstruación.
  • Disfunciones en el útero.
  • Quistes ováricos.
  • Antes y después del embarazo y el parto.
  • Antes y después de una operación.
  • Para problemas intestinales, vejiga, próstata, lumbalgias, asma bronquial.
  • Problemas respiratorios.
  • Espasmos del píloro.
  • Colon irritable.
  • Malas digestiones.
  • Problemas viscerales (vesícula, hígado, hernia de hiato).
  • Problemas de corazón, en el plexo solar.
  • También podemos tratar las emociones y sus bloqueos.
  • Dificultades en la deglución, la masticación y la fonación.
  • Todo tipo de tensiones musculares y articulares.
  • Dolor de cabeza, cuello y espalda.
  • Disfunciones de la ATM (articulación témporo-mandibular).
  • Cansancio crónico.
  • Dificultades de coordinación motora.
  • Problemas oculares y de audición.
  • Depresión endógena.
  • Disfunciones del sistema nervioso, etc.

 

Debido a la suavidad de sus manipulaciones y a sus características de estimulación de los propios recursos de salud del organismo es una técnica muy adecuada para el tratamiento de niños y niñas desde el nacimiento.


Se muestra especialmente eficaz en los siguientes casos:

 

  • Niños nacidos con parto difícil o mediante cesárea.
  • Niños con inquietud y/o llanto nocturno.
  • Problemas de vista y oído.
  • Pérdida del apetito.
  • Problemas de dentición.
  • Estreñimiento y/o problemas gástricos.
  • Alta de concentración y/o hiperactividad.
  • Dificultades posturales.
  • Escoliosis, cifosis.
  • Problemas en el desarrollo, etc.