MASAJE TAILANDÉS


El Masaje Tailandés se creó con la fusión de muchas y variadas influencias; debido a la posición geográfica de Tailandia, ésta se encontraba en el centro de las grandes rutas migratorias y comerciales.

 

Dicen los orientales que hay una energía vital que discurre a través de canales de energía llamados sen. Son líneas invisibles de energía que discurren a lo largo del cuerpo. Diez de esas líneas son especialmente importantes en el masaje Tailandés. El origen indio y su influencia se hacen obvios aquí si comparamos esto con la filosofía del Yoga. Ésta dice que la energía de la vida llamada Prana es absorbida con el aire que respiramos y la comida que comemos. Estas líneas son invisibles y no pueden ser  verificadas anatómicamente, el masaje Tailandés ha seleccionado 10 líneas principales en las cuales hay puntos de acupuntura especialmente importantes. Masajear estos puntos hace posible tratar ciertas alteraciones del cuerpo o aliviar el dolor. Las 10 Sen son suficientes para realizar tratamientos prácticos para todo el cuerpo y sus órganos internos. Su existencia puede ser validada en la práctica por la sanación de ciertas enfermedades o, por lo menos, proporcionando alivio. Desequilibrios en el flujo de esta energía dan como resultado un insuficiente aporte de Prana que puede desembocar en enfermedad. Trabajar en las líneas de energía con masaje puede romper los bloqueos, estimular el libre flujo de Prana y ayudar a restaurar el estado de salud. Esta energía afecta a todos los procesos físicos, mentales y emocionales.  Cuando hay un bloqueo de esta energía por causas que pueden ser de tipo físico, psíquico o emocional, se produce un desequilibrio de energía y a la larga, la enfermedad.  Cuando el sistema trabaja adecuadamente y con un aporte equilibrado de energía, el cuerpo responde sintiéndose feliz, relajado y sin las rigideces y dolores que produce la enfermedad. Se basa en la visión holística del ser humano como unidad del cuerpo, la mente y el espíritu.

 

El Masaje Tradicional Tailandés es un trabajo corporal, efectuado desde los pies al cráneo, lento, profundo y dinámico que implica estiramientos pasivos con presiones estáticas en todo el cuerpo, que recuerdan a los movimientos del yoga, para lo cual el terapeuta utiliza sus manos (dedos, pulgares, nudillos), codos, rodillas, antebrazos, pies y todo el peso corporal en una serie de movimientos enlazados entre sí con suaves balanceos, de manera rítmica y coordinada con la respiración, que se fusiona entre la del paciente y la del terapeuta;  visualmente nos parecerá una delicada danza oriental. La sensibilidad del terapeuta y la del paciente nos hacen pensar en una sesión de meditación serena.

 

Las presiones y los estiramientos activan el flujo de la energía vital, previniendo y curando los bloqueos energéticos y nos permiten recuperar flexibilidad y alcanzar una relajación muy profunda.

 

Este masaje, considerado preventivo y terapéutico, beneficia a todos los que quieren conservar un buen estado de salud y un alto nivel de bienestar. Acompañado por una respiración consciente, el cuerpo se estimula por dentro y por fuera. Cuando se recibe con regularidad, sus beneficios son:

  • Aumenta la flexibilidad de los músculos, fascias, tendones y ligamentos.
  • Aumenta la autoestima.
  • Combate el insomnio.
  • Armoniza la relación psicosomática.
  • Mejora las articulaciones, previene lesiones y mejora posturas.
  • Aumenta el fluido de energía y reduce el estrés.
  • Mejora la circulación linfática y sanguínea.
  • Mejora la capacidad de atención.
  • Logra la conexión consciente del cuerpo.
  • Favorece el funcionamiento de los órganos internos.
  • Logra una mayor relajación física, mental y emocional.
  • Fortalece el sistema inmunológico.
  • Favorece el estado general de la piel por el aumento en la producción orgánica de colágeno y elastina.
  • Alivia notablemente la congestión y el dolor en fibromialgias.
  • Acelera el restablecimiento de las disfunciones neuromotrices.

La duración de un masaje Tailandés es de una hora y media, se realiza con el paciente vestido con ropa cómoda, preferiblemente de algodón, y tumbado sobre un tatami o futón en el suelo.