DRENAJE LINFÁTICO


La linfa es el líquido que se encuentra dentro de la red de canales del sistema linfático y que representa aproximadamente el 15% del peso corporal, este líquido cuando se encuentra en el espacio del tejido intercelular se le llama líquido intersticial y sólo recibe el nombre de linfa una vez que pasa a los vasos linfáticos colectores, después de ser absorbida por los capilares iniciales del sistema linfático. Es en estos capilares linfáticos donde empieza el sistema circulatorio linfático, que funciona paralelamente al sistema circulatorio sanguíneo; sus funciones principales son:

  • La recogida y el drenaje
  • La absorción y transporte de grasas
  • La activación de las defensas

 

La recogida y el drenaje:

El sistema linfático es el que se encarga de drenar el exceso de líquido intersticial que se acumula en los tejidos y que los capilares sanguíneos no pueden reabsorber. Esta función la realiza a través de los vasos linfáticos, contribuyendo así a mantener el equilibrio de los tejidos corporales, y evitando los edemas o estancamientos de líquidos en el tejido intersticial.

 

La absorción y transporte de grasas

Gracias a los vasos linfáticos, el sistema linfático absorbe las grasas y vitaminas liposolubles que se encuentran en el intestino durante el proceso digestivo, para transportarlas hasta el sistema venoso sanguíneo. Precisamente por eso el sistema linfático está considerado como una de las principales vías de absorción de nutrientes del aparato gastrointestinal, siendo al mismo tiempo el responsable principal de la absorción de grasas, como los triglicéridos y el colesterol.

 

La activación de las defensas

El sistema linfático posee un mecanismo de defensa que está formado por células inmunitarias llamadas linfocitos T y B y macrófagos. Los linfocitos y macrófagos actúan en conjunto para reconocer microbios, toxinas y demás células peligrosas para el bienestar del organismo, sólo que se diferencian en como responden ante estos agentes extraños. Los macrófagos se llevan a su interior las partículas enemigas para destruirlas, los linfocitos T rompen las células invasoras produciéndoles la muerte y los linfocitos B segregan anticuerpos formados por proteínas, para combinarlos con las sustancias enemigas y destruirlas. Estos procesos inmunitarios del sistema linfático lo convierten en el principal sistema para la defensa del organismo.

 

La circulación linfática

La circulación del sistema linfático funciona en paralelo a la circulación de retorno venoso del sistema circulatorio sanguíneo ya que sigue el mismo sentido de las venas, porque la linfa circula en una sola dirección. Una vez que es recogida de los espacios intercelulares por los capilares linfáticos, la carga linfática comienza a circular por el organismo, hasta que llega al conducto torácico. El movimiento y la circulación de la linfa se produce gracias a ciertos factores, que son similares a los que intervienen en el retorno de la sangre venosa al corazón, estos factores son principalmente:

  • El bombeo muscular La actividad física genera las contracciones musculares que a su vez comprimen los vasos linfáticos, y que gracias a las válvulas unidireccionales que éstos poseen, la linfa se desplaza sólo en dirección al corazón.
  • El bombeo respiratorio Los movimientos que produce la respiración hacen que cambie la presión dentro del sistema linfático, favoreciendo la circulación linfática. Con cada inhalación la linfa fluye de la región abdominal hacia el tórax, y con cada exhalación la linfa fluye de los vasos distales hacia el abdomen. Cuanto más profunda es la respiración, el bombeo respiratorio tendrá mayor efecto sobre la circulación linfática.

 

A partir de esta descripción inicial del sistema circulatorio linfático, podemos resumir que se trata principalmente de un sistema de drenaje de líquidos, cuyos efectos son determinantes para mantener la salud de los tejidos. Por lo tanto ante cualquier anomalía o irregularidad orgánica que interfiera directa o indirectamente sobre la circulación linfática, se dificulta el drenaje de los líquidos intersticiales lo cual afecta las funciones del sistema linfático obstaculizando los procesos de nutrición y depuración de las zonas afectadas, al tiempo que se debilitan las defensas del organismo.

 

El Sistema Linfático: una red en el organismo

Además de la linfa, el sistema circulatorio linfático está compuesto por los capilares linfáticos, vasos linfáticos, los ganglios y una serie de órganos linfoides, que son; el bazo, el timo, la médula ósea, las amígdalas y los folículos linfoides de los tejidos.

 

Es a partir de los capilares linfáticos que se van engrosando a un diámetro cada vez mayor que se convierten en vasos, hasta llegar cerca del corazón. De esta manera el sistema linfático forma una amplia red que se extiende por todo el cuerpo, a través de la cual transporta la linfa desde los tejidos hacia las venas, desembocando en el ángulo situado en la base del cuello, que está formado por las venas yugular interna y las subclavias derecha e izquierda. La estructura de los vasos linfáticos es similar a la de las venas, pero sus paredes son más delgadas, y contienen un mayor número de válvulas, para impedir el retorno de la linfa. Dentro de los diferentes vasos linfáticos, se destacan los troncos linfáticos terminales, encargados de recoger toda la linfa que proviene de las diferentes zonas del cuerpo. A través de ellos la linfa pasa al sistema venoso de la circulación sanguínea.

 

En ciertos puntos de su recorrido, las vías de circulación linfática están interrumpidas por los ganglios linfáticos, que tienen un tamaño variable que va desde unos 2 mm, hasta 2.5 cm aproximadamente. Aunque pueden estar aislados, generalmente los ganglios se encuentran reunidos en mayor o menor número, formando los denominados grupos ganglionares, encargados de recoger la linfa de otros grupos de recolectores que drenan la carga linfática de determinadas zonas u órganos del cuerpo. Los ganglios linfáticos se pueden localizar tanto en la superficie como a niveles más profundos del organismo.

 

Principales Aplicaciones del Drenaje Linfático Manual

Dentro de las múltiples patologías y afecciones en los que está indicado, del Drenaje Linfático Manual podemos mencionar principalmente:

 

  • Edemas Cuando se producen obstrucciones en los vasos linfáticos, afectando la circulación linfática se origina una hinchazón debida al cúmulo de linfa, que se conoce como edema. Los factores que obstruyen los vasos linfáticos pueden ser múltiples, desde traumatismos, tumores, presión en los ganglios de recogida, hasta roturas de fibras musculares, cicatrices e intervenciones quirúrgicas. El efecto del drenaje linfático manual (DLM) sobre los edemas es tan determinante que lo convierte en el principal método indicado para estos casos, ya que al drenar la linfa acumulada, los resultados se evidencian rápidamente.
  • Retención de líquidos durante el embarazo Debido a los cambios hormonales que experimenta la mujer durante la gestación, generalmente se produce una retención de líquidos que se manifiesta desde los primeros meses, en las piernas. Influenciando la presión que ejerce el feto sobre los vasos linfáticos del vientre y de la ingle. La aplicación del DLM en estos casos favorece el retorno de la linfa reduciendo notablemente la hinchazón y las molestias.
  • Acné El acné es el resultado de una mayor actividad de las glándulas sebáceas, generando los típicos granos infectados y puntos negros, que generalmente se presentan durante la adolescencia, debido al incremento de las hormonas en el organismo. Estas grasas acumuladas representan un cultivo de bacterias que irritan la piel, causando en ciertos casos verdaderos trastornos cutáneos, como inflamaciones, enrojecimiento, nódulos y quistes. El efecto drenante y purificador del DLM contribuye a eliminar las toxinas, influyendo directamente sobre la piel afectada, la cual responde favorablemente al tratamiento. En estos casos es importante mantener una higiene adecuada que impida la propagación de las bacterias, facilitando la limpieza y la eliminación de las mismas.
  • Celulitis La celulitis es una patología con un componente graso, vascular , edematoso y fibroso que conlleva un cúmulo de agua y grasa que ocasiona problemas circulatorios y degeneración del tejido subcutáneo, principalmente se genera en las piernas, las caderas y los glúteos. La celulitis comprime los vasos linfáticos dificultando la circulación de la linfa, afectando incluso a los canales pre-linfáticos de la zona y aumentando la fragilidad de los capilares sanguíneos, pudiéndose presentar en algunos casos hematomas o moretones a la más mínima presión. Por lo tanto la celulitis debe ser considerada más que una cuestión estética, siendo el DLM unos de los tratamientos más indicados en estos casos.
  • Estrés Cuando el estrés se convierte en un factor negativo para el sistema nervioso la aplicación del DLM ejerce un efecto sedante, al actuar sobre el sistema nervioso parasimpático, que es el que nos permite descansar, lo que favorece la relajación y la eliminación del estrés. En realidad, no se debe a sus efectos de drenaje, sino más bien a su técnica manual, que se caracteriza por la lentitud, suavidad y monotonía de sus manipulaciones sobre la piel, lo cual induce fácilmente a la relajación e incluso al sueño, especialmente cuando se aplica en la cara, cabeza y nuca.