La entrega

Hace poco vi una película en que la madre le daba un consejo a su hija, le dijo: “No te entregues a nadie al cien por cien y así no sufrirás”. Me dio que pensar. Es cierto que si no te entregas al máximo y te mantienes alejada de los demás, el dolor que te pueden infligir es mucho menor o casi nulo, que si te entregas al cien por cien, te mantienes en tu zona cómoda, de confort sin sufrir, pero tampoco sin sentir. La falta de entrega produce relaciones frías, distantes y sin pasión por la vida ni entusiasmo, realmente una pena. La pregunta es: Entonces ¿por qué no nos entregamos? Muy fácil, es algo que no se escoge de manera consciente, una persona que no se entrega es porque antes ha sufrido mucho y seguramente sin demostrarlo, manteniendo siempre la compostura y haciendo ver que no ocurre nada, escondiendo el dolor y el sufrimiento. Cuando las emociones no se expresan, quedan enquistadas en el subconsciente y sin darnos cuenta condicionan nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar e incluso nuestra manera de sentir. Lo peor de todo es que no nos damos cuenta, actuamos programados por ese dolor escondido sin ni siquiera ser conscientes. Entonces vienen las dudas: “amo, no amo, quiero, no quiero”. Todos son excusas para alejarnos de la persona amada, creyendo que estaríamos mejor solos, utilizando el dicho: “mejor solos que mal acompañados”. Pero si se hace un trabajo de consciencia y uno se analiza, podrá observar que el problema no es de la otra persona, si no de sí mismo. Se podrá cambiar de relaciones, que al principio todo irá bien, con mucha pasión, mucha cercanía y confianza, pero en el  momento que ocurre algo que aviva un recuerdo subconsciente, el patrón de comportamiento se vuelve a activar, y te descubres haciendo lo mismo que en las anteriores relaciones, manteniendo las distancias, generando desconfianza y alejándote de la persona amada. Es en ese momento en que solemos sentirnos perdidos y es a causa de la desconexión que tenemos entre la mente y el corazón. El corazón siente junto con el cuerpo, la mente forma parte del ego y nos protege del dolor y el sufrimiento. Para conseguir esa protección, lo que hace la mente es generar un exceso de pensamientos que terminan confundiéndonos y alejarnos de lo que realmente deseamos y necesitamos, creando creencias limitadoras que son más inventadas que reales, pero que la mente termina creyéndose y haciendo que actuemos según esas creencias, dándolas por buenas y castrando nuestra vida de manera que sí, nos mantiene sin sufrir pero también sin vivir la vida en su máxima expresión.

 

 

Si te encuentras en una situación similar, lo que puedo aconsejarte es que te analices, te observes y seas sincero o sincera contigo mismo, que hagas consciencia de si tu vida está regida por patrones de comportamiento o si tienes creencias limitadoras que te restan. En cuanto seas consciente de estos programas automáticos, lo ideal es desgranarlos, saber de dónde vienen, por qué los hemos creado o generado, darnos cuenta de que no tiene por qué volver a suceder lo que experimentamos en un pasado, y que si volviera a suceder, tampoco pasaría nada, todo son aprendizajes que nos dan experiencia y nos hacen ser más avispados. Una vez tengamos toda la información, lo mejor es  intentar invertirlos, hacer las cosas de diferente manera para conseguir resultados distintos, como dijo Albert  Einstein: “Es de locos hacer las cosas de la misma manera y esperar resultados diferentes”.

 

Sandra Gómez


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Comentarios: 1
  • #1

    marc.albar (viernes, 03 agosto 2018 11:05)

    No sabemos ni porque reaccionamos así, porque realmente el trauma no fue algo físico, fue algo emocional y no recordamos exactamente el qué. También hay que añadir el factor edad, buscamos lo que deseamos (trabajo, salud, amigos, hogar) y no queremos derivar tiempo de nuestro confort para darlo a "duda", es decir, una relación que no podemos controlar puesto que hay otra persona que participa. Ahí es donde empieza todo, porque hemos ocupado el 100% de nuestro tiempo y ahora hay que reducir el horario para dárselo a la persona que aparece en nuestra vida. Además, como bien dices, hay que hacerlo deseándolo, nunca puede ser forzado, dar con el corazón, con los ojos cerrados, alimentar con positividad. Si pensamos si compensa lo que nos da esa persona por lo que nos quita, ya vamos mal y si pensamos que vamos a obtener de todo el "sacrificio" que hago por ella, peor aún. En realidad todos tenemos un 20% de nuestra vida que no lo queremos cambiar, la respuesta está en el 80% al que inconscientemente nos aferramos pero en realidad es volátil y que no nos deja ver que hay muchas cosas que son mejores y que el miedo a perderlo no nos deja arriesgar. Hace falta aprender que nunca se pierde todo y que siempre se aprende algo nuevo en los cambios.