Enfermedad vs Emoción

Cuando una persona buena enferma y no lo supera, nos sorprende. Hemos oído hablar mucho sobre el positivismo; que para vencer las enfermedades debemos estar bien, seguir contentos y en la medida de lo posible ser felices; de esta manera es más fácil superar las enfermedades que una persona negativa, que siempre se queja, que sólo piensa en lo mal que está y que no va a salir adelante. Entonces cuando una persona que se ve contenta, con una sonrisa en la cara no lo supera, nos extrañamos y no entendemos el porqué. Lo que yo entiendo de porqué ocurre eso es porque la persona no expresa lo que siente, incluso anula el sentir. La enfermedad es una manifestación de emociones no asimiladas, no aceptadas y no integradas. Cuando sucede una situación traumática, dure esta un momento o  unos días o unos años, si ocurre en solitario y no se tiene a nadie con quien hablarlo y desgastar la emoción y se queda todo el dolor dentro, por lo general el cuerpo lo somatiza convirtiendo ese dolor en enfermedad. A veces la persona no lo expresa por vergüenza, porque no tiene a alguien de confianza para poder hacerlo o simplemente porque la persona esconde ese dolor y lo anula, haciendo ver que todo va bien y no ha pasado nada. Esto es muy peligroso porque cuando se actúa así, el dolor se enquista en el subconsciente y al final el cuerpo tiene que expresarlo de alguna manera. En cambio, cuando el trauma es compartido y expresado, a medida que se va hablando, la emoción se va desgastando, saliendo así del cuerpo físico. A medida que se va contando, la emoción es cada vez menor, llegando a un punto que es nula; en el momento en que se comparte el conflicto y ya no hay emoción, sólo en ese instante podemos decir que ya no queda dolor y no habrá somatización. Es cierto que hay que ser positivos, pero antes de llegar a este punto debemos pasar por el trabajo de enfrentarnos a lo que nos duele, y no digo de ser dramáticos y regodearse en el trauma, simplemente hablar con alguien de lo que nos ha pasado y poder llorar ese dolor y hablarlo tantas veces como sea necesario, con todas las personas con las que tengamos un mínimo de confianza, simplemente por sacarlo de nuestro interior. La enfermedad también puede venir por una completa desconexión de nuestro sentir, eso le pasa a muchas personas que anteponen a los demás a sí mismas, dejándose siempre en último lugar, poniendo por delante a la pareja y a los hijos, quedando así sus deseos mermados, incluso inexistentes, de hecho a veces se llega a no plantearse si se desea algo o no, si se siente bien consigo misma o no, generando una angustia interna y una infelicidad que no llega a comprender, y volvemos a lo mismo, los  deseos no expresados, las inquietudes no compartidas se clavan en el interior, degenerando en somatizaciones físicas. Ya lo dice el dicho: los malos momentos son menos malos si los pasas acompañados. 

 

Sandra Gómez


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