Aceptar a los padres

Siempre nos han dicho que la familia es lo más importante, pero ¿sabemos realmente qué nivel de importancia tiene?

 

Según las experiencias por las que hemos pasado, o lo que nos han inculcado en casa o simplemente lo que hemos vivido en el hogar, puede hacer que nuestro nivel de maduración no sea el correcto para la edad que tenemos. Me refiero que, a veces, cuando somos adultos seguimos exigiendo y enfadándonos con nuestros padres porque no nos dan aquello que pedimos, aquello que creemos merecer o incluso les culpamos de nuestros fracasos. Cuando unos padres dan la vida a un hijo, su deber es amarlo, cuidarlo y alimentarlo, cubrir sus necesidades básicas hasta que es adulto; en esa etapa el hijo debe volar, desprenderse con amor de los lazos parentales, del mismo modo los padres deben dejar que sus hijos alcen el vuelo y que hagan su vida.

 

Como decía antes, a veces de adultos nos enfadamos con nuestros padres porque creemos que no nos dan lo suficiente, o lo que nos dan no nos gusta ya que los comparamos con otros padres o simplemente nos consideramos mejor que ellos. Cuando renegamos de la familia que nos ha dado la vida, cuando renegamos del hogar que nos crió, cuando renegamos del padre porque consideramos que no nos dio suficiente, cuando renegamos de la madre porque no nos atendió como esperábamos, cuando renegamos de una parte de la personalidad de alguno de nuestros progenitores, sin darnos cuenta estamos renegando de nosotros mismos. Nuestro ser, nuestro cuerpo, lo que somos, el cincuenta por ciento es del padre y el otro cincuenta por ciento es de la madre, si despreciamos a uno de los dos, despreciamos este cincuenta por ciento nuestro, si lo que no nos gusta es una parte de su personalidad, ojo, porque esta parte es la que deberemos trabajar, ya que al no aceptarla, es en lo que nos convertimos; es curioso pero es así, aquello que no te gusta de tu madre o de tu padre, si no lo trabajas, si no lo aceptas, sin darte cuenta es en lo que poco a poco te vas convirtiendo; en cambio, cuando lo aceptas con amor y lo integras, es más fácil de trabajar ya que eres consciente de ello, cosa que no ocurre cuando lo rechazas, porque lo escondes e inconscientemente repites el patrón, convirtiéndote en aquello que no te gusta.

 

Los padres son ejemplos a seguir, tanto para lo bueno como para lo malo. Me explico: tu padre puede ser un maltratador, en este caso sería difícil amarlo, pero cuando lo haces, cuando lo aceptas, puedes entender que eso está mal y que no quieres para tus hijos lo que tu padre hizo contigo, en cambio cuando te enfadas con él y lo rechazas, el resentimiento hace que sientas rabia, y en este caso es muy fácil caer en el mismo patrón y que te acabes convirtiendo en un maltratador y haciéndole a tus hijos lo que tu padre hizo contigo, ya que los hijos son pequeños y débiles y es muy sencillo hacerles pagar por lo que nos hicieron, es muy sencillo descargar en ellos la rabia y el odio que sentimos. Lo mismo ocurre cuando en el hogar uno de los dos progenitores maltrata al otro, si  no aprendemos a gestionar eso y a amar esa parte, repetiremos el patrón y haremos lo mismo con nuestra pareja o buscaremos parejas que nos hagan lo mismo a nosotros, dependerá de nuestro género y de cual de los dos sea el maltratador. He puesto un ejemplo bastante exagerado, pero pasa lo mismo en cualquier aspecto de la personalidad, si el padre o la madre están ausentes, si son alcohólicos, si son vagos, si son demasiado exigentes, rudos o ariscos, da igual, es aplicable a cualquier tipo de personalidad, si no la aceptamos, terminaremos haciendo lo mismo, tanto a nuestros hijos como a nuestra pareja o dejaremos que nos lo hagan a nosotros. Comprendo que puede costar entender esto, pero si somos honestos y nos observamos, miramos hacia dentro y recordamos momentos de la infancia en los que no fuimos especialmente felices, podemos descubrir estos aspectos que debemos perdonar, sanar y amar.

 

 

Para que entendáis un poquito más, si seguís este enlace podréis escuchar un audio de un resumen del libro de Joan Garriga ¿Dónde están las monedas?, en el que explica muy bien el proceso de un adulto que no ha madurado y no acepta aquello que sus padres le han ofrecido y en el que más o menos todos, en un grado u otro, hemos vivido. Hay cosas que son difíciles de perdonar o de entender y menos de amar, pero cuando lo haces, sientes una gran liberación en el pecho, sientes que realmente no estás solo ya que tienes a todo tu sistema familiar detrás apoyándote en todo, porque los amas y los aceptas tal y como son y formas parte de ello. Realmente merece la pena el trabajarse un poco y aceptar aquellas cosas que nos duelen o nos han dolido de nuestros padres.

 

Sandra Gómez


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