Desconexión de lo que somos

Estamos muy desconectados de nuestra esencia, de nuestro centro, de lo que realmente somos.

 

A menudo me encuentro con personas que no saben respirar bien, que sufren de insomnio, que no saben relajarse o que  no pueden llorar. Esta y muchas otras son reacciones normales que deberíamos poder tener sin problemas ni esfuerzos. Y por culpa de bloqueos, pensamientos negativos o situaciones que no sabemos gestionar, las personas dejan de saber hacer lo que es innato en ellas.

 

Realmente no hay que hacer nada para respirar con toda la capacidad pulmonar que tenemos, pero los bloqueos diafragmáticos y los pensamientos no positivos que generamos hacen que nos encojamos y, por lo tanto, las costillas tengan poca movilidad. Eso en parte es comprensible, ya que tendemos a no querer sentir. Cuando respiramos profundamente, abrimos el plexo solar, tomamos la vida y sentimos, tanto lo bueno como lo malo, pero como esta sociedad nos ha enseñado a que podemos evitar sentir aquellas cosas que no nos gustan, aprendemos a bloquear el sentir, lo peligroso de todo esto es que al aprender a no sentir lo malo, también dejamos de sentir lo bueno, y ese es el motivo de que pasemos por la vida como “muertos vivientes”, sin respirar, sin sentir, en definitiva, sin vivir. Cuando llevamos un tiempo así y nos damos cuenta de que nada nos motiva, de que nada nos llena, de que nada nos apasiona o asombra, es cuando sentimos que la vida no merece vivirla y entramos en un vacío existencial que nos puede llevar a la depresión. Cuando eso ocurre buscamos experiencias externas fuertes para lograr sentir “algo”, como pueden ser las drogas, los deportes de riesgo o incluso buscar emociones extremas para sentir. Con lo fácil que es sólo respirar profundamente y dejar que el oxígeno te llene de vida, se expanda el pecho y el plexo solar se relaje, pero claro, eso da miedo porque ahí, ahí sentimos de verdad.

 

Igual pasa con el dormir, los bebés duermen a pierna suelta porque no piensan, sólo sienten y cuando sientes te conectas a tu cuerpo, te relajas y viene el sueño por sí solo. Es cuando generamos pensamientos y mantenemos la mente activa que no podemos dormir, y entramos en un círculo vicioso de tensión que no permite la relajación y la llegada del sueño. Es muy difícil explicarle a una persona cómo dormir, ya que es algo que llega por sí solo, sin ningún esfuerzo, quizá la única manera es no hacer nada, cuando pensamos, estamos haciendo algo y parece tan difícil no hacer nada, ¿verdad? Pero esa es la clave, no hacer nada y dejar simplemente que ocurra. Lo cierto es que para no hacer nada debemos estar relajados, confiados y si eso no es posible deberíamos encontrar las causas que provocan la ansiedad o el miedo, y trabajar sobre ellas. Siempre hay que hacer un trabajo a nivel personal para poder solucionar los conflictos que tenemos y no dejar la responsabilidad a una pastilla que nos proporcione el sueño, si hay insomnio es porque hay una causa que lo provoca, investiguemos sobre ello y hagámonos responsables de nuestra vida.

 

El estrés constante es la enfermedad del siglo XXI, la no relajación. Cuando una persona está siempre en estado de alerta es porque en el fondo existe un miedo a no llegar, a no ser suficiente, a no ser bueno o buena y a querer demostrar algo para con los demás. El exceso de estrés genera adrenalina constante y eso provoca una sobreestimulación del sistema nervioso y una sobrecarga en el corazón. La adrenalina está diseñada para dar un aporte extra de energía para salir corriendo de  un peligro, no para estar en tensión durante las 24 horas del día por miedo a fracasar o a no ser lo que se espera de nosotros. Esto evidentemente es muy perjudicial para el cuerpo, desgastándolo y provocando una sobreexcitación a todos los niveles. Si realmente fuésemos conscientes de cómo funciona nuestra mente, de cómo la podemos manipular en nuestro propio beneficio, otro gallo cantaría. Creemos que tenemos el control del pensamiento, pero no es así, el pensamiento se genera por sí solo, la mente va por libre generando pensamientos sin parar, hacemos conjeturas, sacamos conclusiones, presuponemos, especulamos, y lo peor de todo es que nos creemos todo este batiburrillo de ideas que no nos llevan a ningún lado y que, además, nos generan dolor. Eso sucede por que la mente tiene la mala costumbre de generar pensamientos dolorosos en lugar de crearlos positivos y que nos beneficien. Sí, los genera dañinos perjudicando nuestro bienestar, pero lo malo es que caemos en su trampa y nos lo creemos todo, sin darnos cuenta que sólo son, eso, pensamientos. No nos duele una situación, si no lo que pensamos sobre ella. Cada persona puede pensar o sacar diferentes conclusiones sobre una misma circunstancia, habrán unas más dañinas que otras, pero al fin y al cabo, sólo son eso, conclusiones. Cuando entendemos que podemos cambiar el pensamiento, que podemos cambiar la manera de ver las cosas y tomar el control, descubrimos que tenemos el poder de manejar cualquier situación y volverla beneficiosa para nosotros. La mente no distingue lo real de lo imaginario, os pongo un ejemplo: si cerráis los ojos y os imagináis que mordéis un limón, inmediatamente el cuerpo empieza a reaccionar haciendo salivar la boca. Eso nos da a entender que la mente influye en el cuerpo, este reacciona por un pensamiento creado, no es real, no hay ningún limón en la boca, pero con sólo imaginarlo, salivamos. Si podemos comprender esto, podemos entender el gran potencial que tenemos, si imaginando, si visualizando el cuerpo reacciona: ¿qué grandes cosas podemos hacer con esto?, ¿sanarnos por ejemplo? Podemos hacer muchas visualizaciones según aquello que queramos trabajar, en otro artículo os pondré algunos ejemplos. Pero aparte de las visualizaciones, tenemos el potencial de tomarnos las situaciones con filosofía y no caer en el dramatismo, que lo único que genera es dolor.

 

El llanto es algo que también es innato en las personas, ¿cómo se le puede decir a alguien cómo llorar? No se puede, una persona que no consigue sacar las lágrimas es una persona que está acostumbrada a retener las emociones, y eso provoca malestar, puede incluso desencadenar enfermedades, ya que el cuerpo habla lo que la boca calla, lo que no podemos manifestar en forma de lágrimas, lo que no podemos expresar de ninguna de las maneras, queda enquistado dentro y acaba por pudrirse. Cuando llevamos mucho tiempo reteniendo las emociones, cuesta mostrarlas, una buena manera de hacerlo es utilizar las artes, como la escritura, el baile, la pintura o la voz; no hace falta saber bailar o escribir para expresarnos, simplemente uno se deja llevar; al principio cuesta pero a medida que vas practicando, cada vez resulta más fácil, y no se trata de hacerlo bien, se trata de mostrar la emoción que nos embarga, de ser espontáneo. Por ejemplo: se puede coger una hoja de papel y empezar a aplicar color, cada emoción tiene un color y por medio de la pintura se va manifestando, no hace falta interpretar nada, la sanación está en el hecho. El baile es igual, escuchamos música que nos guste y nos movemos de manera aleatoria siguiendo el ritmo, y poco a poco se va entrando en el movimiento y permitimos que el cuerpo se exprese. La escritura también sirve para decir aquello que no nos atrevemos a expresar en voz alta, permitimos que se manifieste  a la vez que nos damos cuenta de lo que estamos reteniendo. Todo es empezar. Los resultados son espectaculares, al principio cuesta mucho por la falta de costumbre, pero poco a poco resulta más fácil y muchas veces, gracias a este tipo de expresión acaba saliendo el llanto.

 

Sandra Gómez


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